¿Sabes por qué hoy el mundo entero está en silencio?. No es un silencio de muerte; es el silencio de un Rey que se ha quedado dormido para despertarnos a todos.
El gran Silencio
Hoy la tierra está temerosa y sobrecogida. Pero mientras nosotros vemos soledad, en lo invisible está ocurriendo una conmoción. Dios ha muerto en la carne, sí, pero para bajar a buscar a nuestro primer padre, Adán, como si fuera la oveja perdida. Cristo no se ha quedado en la tumba: ha bajado a visitar a los que viven en tinieblas.
El encuentro en el infierno
Imagina la escena: Jesús llega a las prisiones del abismo con las armas vencedoras de la cruz en sus manos. Al verlo, Adán queda asombrado y grita: “¡Mi Señor esté con todos!”. Y Cristo, tomándolo de la mano, le responde con la mayor ternura: “Y con tu espíritu”. Es el encuentro de Dios con su humanidad herida.
El mensaje de Cristo:
Escucha lo que Jesús le dice a Adán, y lo que nos dice a nosotros hoy:
- “Despierta, tú que duermes”. No te creé para que permanecieras cautivo en el abismo.
- Mira los salivazos de mi cara, para devolverte tu aliento de vida.
- Mira los azotes en mi espalda, para aliviarte del peso de tus pecados.
- Mira mis manos clavadas al madero, porque tú extendiste maliciosamente la tuya al árbol prohibido.
- “Mi sueño te saca del sueño del abismo”.
De la Prisión al Trono
El rescate es total. Jesús le dice: “Levántate, salgamos de aquí”. El enemigo te sacó del paraíso, pero yo te coloco en un trono celeste. Ya no hay querubines que te prohíban el paso; ahora hay ángeles que reconocen tu dignidad y te sirven.
El reino de los cielos está preparado para ti desde toda la eternidad. Hoy, en el Gran Sábado, nada está perdido. ¡Despierta! Porque tu Dios ha bajado hasta tu propia oscuridad para sacarte a la luz.
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